

En el tiempo que estuve trabajando con artesanos del Estado de Guanajuato me encontré con una situación peculiar en la que un empresario artesano de Dolores Hidalgo se jactaba de tener tal grado de experiencia en el negocio que podía fácil y rápidamente detectar quien de los que entraban a su tienda eran nomás preguntones.
A la vez, me contaba que a su tienda asistía gente de todo México -Veracruz, Guadalajara, D.F., Monterrey, Chihuahua- del mismo estado de Guanajuato -León, Celaya, San Miguel de Allende- gente de Europa, pero sobre todo Canadienses y gente de Estados Unidos, es decir, preguntones de todos lados, con diferentes idiomas y acentos.
Preguntón, como soy yo, cuestiono ahora ¿es posible que la gente haga recorridos desde esos lugares solo para preguntar?
Es más valioso medir la capacidad y experiencia por la habilidad que tenemos para convertir la curiosidad de los preguntones en ventas y conservarlos como clientes, en vez de descartarlos.