

Adivino que la mayoría estamos familiarizados con la franquicia de Hasbro “Adivina Quién ?”. El juego, original de Milton Bradley, es exitoso no solo por su dinámica sencilla sino que, junto con Monopoly y Operando, es uno de los juegos de mesa que puede ser reinventando con solo modificar los personajes o escenarios; prueba de esto es que hay una versión de Los Simpsons para cada uno.
Para aquellos con los que me equivoqué y no conocen el juego o bien para quienes gustan de revivir a través de él, les detallo en que consiste:
El juego resulta verdaderamente divertido porque transforma la acción de adivinar en algo constructivo y virtuoso, en cambio, si tuvieramos que adivinar el personaje de nuestro contrario lanzando nombres aleatoriamente y contáramos con solo 3 ó 5 oportunidades para acertar, adivinar sería una pesadumbre.
Y usted ¿cómo adivina quién es su cliente? Quizás hasta hoy lo siga haciendo de la forma pesada.
Definitivamente, nuestro cliente permanece incógnito más no lo hace voluntariamente y descifrarlo depende de nosotros. No debemos dejar de preguntar cuáles son sus características y que tienen en común. Cambiemos el ¿sombrero? ¿bigote? ¿calvo? ¿pelirrojo? que usamos en el juego por ¿género? ¿edad? ¿ingreso? ¿intereses?
Efectivamente, Adivina quién? es un ejercicio de segmentación, conforme nos hacemos preguntas el grupo cambia y las características en común también, nuestro producto o servicio puede ser tan abierto que sea indispensable para todos en el tablero, o tan específico que atendamos a un grupo casi tan particular como ese personaje incógnito que nos ha costado evidenciar.
La segmentación en si misma es uno de esos previos indispensable cuando se pretende practicar el marketing y un auxiliar importantísimo cuando nunca lo hemos tomado en cuenta.
“Adivinar quien es nuestro cliente correctamente marca la diferencia entre venderle a alguien o no venderle a nadie”.